La reciente adquisición de la startup de Ben Affleck por parte de Netflix no es una compra de catálogo ni una apuesta por el talento creativo convencional. Es un movimiento de eficiencia industrial. Al integrar tecnología capaz de automatizar el proceso de animación cuadro por cuadro, el gigante del streaming está enviando un mensaje directo a los centros de producción subcontratada en India, Corea del Sur y, más recientemente, México y Colombia.
A mi juicio, este es el inicio de una repatriación tecnológica de la producción. Netflix busca desesperadamente proteger sus márgenes operativos frente a un mercado de suscriptores que ya no crece al ritmo vertiginoso de la década pasada. Si pueden reemplazar horas de mano de obra artesanal con procesos automatizados, el costo por minuto de producción cae drásticamente. Menor costo. Mayor control.
La deslocalización tiene fecha de caducidad
Durante años, el modelo de negocio de los grandes estudios dependió de exportar el trabajo tedioso a regiones donde la hora-hombre es más económica. Pero la automatización impulsada por la firma de Affleck cambia la ecuación matemática: la ventaja competitiva de estos países ya no es el bajo costo salarial, sino la velocidad del procesamiento algorítmico. Cuando la eficiencia técnica supera a la eficiencia geográfica, la geografía deja de importar.



