Tinta Tech

Jaque a las telcos tradicionales: la ofensiva satelital de Amazon y Apple amenaza su supervivencia

Petra Agreda·
Jaque a las telcos tradicionales: la ofensiva satelital de Amazon y Apple amenaza su supervivencia

En diciembre de 2023, Colombia ejecutó su subasta de espectro 5G. Claro, Wom, Movistar y Tigo desembolsaron en conjunto 340 millones de dólares, unos 1,37 billones de pesos locales, por el mero derecho a usar frecuencias durante dos décadas. A esa factura hay que sumarle el despliegue físico de antenas, la burocracia municipal y los costos para proteger los equipos terrestres del vandalismo. Así opera hoy el negocio de las telecomunicaciones. Mientras tanto, a miles de kilómetros sobre esas torres, la industria tecnológica prepara su demolición.

Amazon ya comprometió 10.000 millones de dólares en su Proyecto Kuiper y Apple inyectó otros 450 millones en la infraestructura de Globalstar. No es filantropía para conectar montañistas perdidos. El objetivo estratégico es erradicar a los intermediarios. Las grandes tecnológicas despliegan sus propias redes de órbita baja (LEO) para reducir a gigantes como Telefónica o AT&T a simples caños tontos. El mercado ya lo sabe.

El fin de la renta mensual

Históricamente, las telefónicas han operado como caseros que cobran un peaje mensual por acceder a la red. América Móvil facturó más de 46.000 millones de dólares el último año fiscal bajo este modelo, exprimiendo el volumen de datos y los planes de banda ancha. Sin embargo, para Apple y Amazon, el tránsito es apenas un medio para vender hardware de alto margen y procesar transacciones. Ellos no quieren pagar esa renta de conectividad. Tampoco quieren que tú la pagues.

A mi juicio, el control de la conectividad es la última frontera para que las grandes tecnológicas cierren por completo su ecosistema de servicios. Imagine a Amazon regalando conexión satelital global directamente en los teléfonos de sus miembros Prime, o a Apple incluyendo datos sin fronteras en su suscripción de Apple One. Esto no es menor. El modelo de negocio tradicional de vender gigabytes colapsa de forma instantánea.

Las operadoras latinoamericanas siguen hipotecando su liquidez en subastas de espectro locales mientras sus competidores construyen infraestructura sin fronteras. Aquí está el problema. La conectividad dejará de ser un servicio facturable para convertirse en una función nativa del teléfono móvil. Las empresas de telecomunicaciones que no asimilen que su producto principal está a punto de ser subsidiado desde el espacio, terminarán siendo apagadas definitivamente.

Las operadoras tradicionales siguen enterrando fibra óptica y peleando por permisos municipales para instalar antenas terrestres. Es un modelo intensivo en capital que hoy parece insostenible. Amazon prepara el despliegue de 3.236 satélites en órbita baja para cubrir el planeta entero desde el espacio. Esto no es menor. Con esta inmensa infraestructura, la empresa no solo busca ofrecer conectividad, sino asegurar el control total del ecosistema de datos sin lidiar con regulaciones locales. A mi juicio, la industria de telecomunicaciones terrestres está financiando su propia obsolescencia.

Apple ejecutó su asalto inicial con una discreción clínica. La función de SOS vía satélite introducida en el iPhone 14 parecía una simple herramienta de seguridad pública que generó titulares amigables. El mercado ya lo sabe. Esa fue la carnada perfecta. Con la llegada de iOS 18, los usuarios ya pueden enviar mensajes de texto convencionales sin depender de una red celular. El siguiente paso estratégico es evidente: autorizar transacciones de Apple Pay o sincronizar correos corporativos directamente en el espacio.

La evolución técnica eliminó las fricciones históricas de la conexión orbital. AST SpaceMobile demostró que ya no se necesita hardware especializado ni pesadas antenas en el techo para evitar la latencia. La compañía ya enlaza múltiples llamadas 5G desde el espacio hacia smartphones regulares de Samsung y Apple. El silicio que ya llevamos en el bolsillo es más que suficiente. Aquí está el problema. Cuando el dispositivo final se conecta directamente al satélite de la gran tecnológica, el operador telefónico local queda borrado de la ecuación financiera.

El monopolio corporativo en órbita

Las consecuencias para el ecosistema corporativo son definitivas. Si Amazon integra esta red satelital con la inmensa capacidad de procesamiento de Amazon Web Services (AWS), podrá comercializar una red privada, global y cifrada de extremo a extremo. Pensemos en el sector financiero latinoamericano. Un banco en São Paulo podría ejecutar transacciones en tiempo real con Wall Street usando exclusivamente la infraestructura espacial de Amazon. Ni un solo paquete de datos tocaría los servidores terrestres de empresas como Vivo o Claro en Brasil. Las telefónicas perderían de golpe sus contratos B2B más rentables.

Frente a esta amenaza inminente, el silencio de los operadores locales es alarmante. No hay cables que cortar en la órbita baja. No hay zonas ciegas. No hay vuelta atrás. Si el modelo tradicional de telecomunicaciones no logra integrarse rápidamente a este nuevo paradigma espacial, las grandes tecnológicas acapararán el lucrativo flujo global de datos empresariales, relegando a las telefónicas a ser simples proveedoras civiles de bajo margen.

Las telecomunicaciones destruyeron su propio valor de mercado a punta de regalar gigabytes. Durante dos décadas, las operadoras libraron una brutal guerra de precios para ofrecer planes ilimitados, reduciendo su compleja infraestructura a un servicio básico y sin diferenciación. Hoy, el acceso a la red móvil vale lo mismo en la mente del consumidor que la electricidad de su casa. Esto no es menor. Al educar al usuario para que ignore el costo real de la red física terrestre, dejaron la puerta abierta para que gigantes como Amazon y Apple ejecuten una apropiación total del cliente.

Algunos ejecutivos asumen que la salvación está en el sector corporativo. Apuestan por vender redes privadas hiperespecializadas o resignarse a ser la fibra óptica pasiva para la industria pesada. Lo que pocos están viendo es que las grandes tecnológicas operan bajo una lógica de captura absoluta. No existe la piedad corporativa en las Big Tech. Si pueden devorar la cadena de valor completa sin compartir márgenes operativos con un intermediario local, lo harán sin dudarlo. El mercado ya lo sabe.

La conectividad como función invisible

En el corto plazo, el acceso a internet dejará de ser un servicio independiente. Olvídese de firmar contratos de 24 meses con la telefónica de turno. La conexión será simplemente una función intrínseca del hardware o del ecosistema digital al que usted pertenece. Un usuario de iPhone será conectado directamente por Apple, mientras que un cliente corporativo estará respaldado por los satélites de Kuiper. Las tarjetas SIM, sean físicas o virtuales, pasarán a ser reliquias de una época en la que pagábamos peajes locales para acceder a la economía global. No hay vuelta atrás.

A mi juicio, este es el escenario de mayor riesgo sistémico para los gigantes de América Latina. Operadores como América Móvil o Telefónica arrastran niveles asfixiantes de deuda por el intenso CAPEX que exige el despliegue terrestre de infraestructura 5G. Su rentabilidad histórica dependía de los márgenes masivos del roaming internacional, los recargos por exceso de consumo y los enlaces dedicados. Todo ese flujo de caja será devorado por el software y el silicio orbital mucho antes de que los reguladores logren reaccionar.

El reloj financiero apunta a diciembre de 2027. Para esa fecha, Apple o Amazon lanzarán un servicio de conectividad global directa al teléfono, empaquetado como un estándar premium en sus suscripciones actuales. En los seis meses posteriores a este movimiento, las acciones de las tres principales telcos latinoamericanas sufrirán un desplome bursátil superior al 35%. La inevitable fuga masiva de clientes de alto poder adquisitivo forzará la quiebra técnica de al menos un operador regional con fuerte despliegue en México o Colombia. La lección de esta década será implacable: el negocio móvil pertenecerá a quien controle el dispositivo y el cielo, no a quien entierra cables en la tierra.

Cotizaciones mencionadas

TickerPrecioDía
AMZNUS$ 255,08-0.11%

Relacionados

Newsletter

Las noticias que importan, en tu correo.